CARLES MULET. PALMA.
Autoadmitida la "influencia", resulta legítimo etiquetar a los Wonderbrass como Les Luthiers mallorquines, españoles por extensión. Pero es una percepción incompleta, pues los calcos que no aportan nada, en lo musical, no resisten los diez años que el cuarteto mallorquín acaba de sumar. La banda ante todo, es una familia de virtuosos músicos, una reunión de buenos conocedores del viento metal, que aplican con carisma al jazz. Su envoltorio –adictiva, teatral y surrealista adición de años 20, circo y cabaret– es lo que marca la diferencia con la culta oferta de los clubes de gin tonic.
La formación –Néstor Casas, Nacho Vegas, Didac Buscató y José Luis García– cumple su primera década de escenario y calle.?Casi una utopía, pues el proyecto comenzó "pequeño", casi como un complemento a su Gran Orquesta Republicana, ya diluída. "Hemos terminado viviendo de ésto", confirman. Y no sólo de dineros y aplausos locales, incluso "cansados" de tanto bolo peninsular. "Para el carro, que somos de Mallorca", llegaron a sugerirle hace poco a su eficaz mánager.
Poco amigos del ensayo y del sonido enlatado –"las canciones son la excusa para improvisar"– los Wonderbrass confiesan una reciente e inusual reunión en marzo, algo que "hacía tres años que no hacíamos". Quieren grabar disco, adelantan, pero no para el escaparate, sino para recopilar ‘en bonito’ parte del material que han venido girando hasta ahora; un déjà vu justificado.
El jazz entra más fácil con salero. Es la percepción del grupo, incapaz de prescindir en sus funciones de un teatrillo –entre mímico y surrealistamente dialogado– deudor de Pedro Reyes, Los Toreros Muertos de Pablo Carbonell o Faemino y Cansado. "Es un humor imbécil", admiten. Ideal para "abrir las cabecitas" a los duros de mollera, que reniegan, por ejemplo, del buen Dixieland simplemente por falta de costumbre. "La gente ya sabe escuchar pop y el rock, pero sigue faltando algo de cultura musical". Su fórmula, entienden, es su principal "aportación" como parte de la escena que comparten. Ellos, tan satisfechos de haber hecho del jazz algo más digerible, capaz de enganchar sin morir en el intento.