BIEL GOMILA. PORRERES.
"Hace más de una semana que queríamos ponernos en contacto con los lectores, pero estamos en medio de parques naturales y hasta ahora no hemos podido encontrar Internet". Así empezaba la crónica que desde el Oeste de Estados Unidos mandaban el pasado jueves día 2 de abril Cati Capellà y Eusebi Colomer, la pareja porrerenca de ciclistas que da la vuelta al mundo el bicicleta.
Cual Odisea de Homero, iniciada el noviembre de 2007 en Argentina, la experiencia se ha convertido en simplemente gran aventura. Las vivencias acumuladas, los kilómetros recorridos, las innumerables gentes, paisajes y anécdotas recogidas a lo largo del itinerario han demostrado que la utopía y el sueño se han convertido en realidad.
El proyecto Rodant pel mòn, del que forma parte DIARIO de MALLORCA, tuvo que ser interrumpido momentáneamente entre el 13 de septiembre de 2008 y el 1 de marzo de 2009 por los graves problemas de salud del padre de Eusebi que culminaron con el fallecimiento del progenitor. Tras cinco meses y medio de estancia en Porreres junto a los suyos, regresaron el pasado mes a San Diego (California) donde habían dejado sus pertenencias y equipo ciclista. El pasado marzo reanudaron su marcha por tierras norteamericanas. Hasta la fecha han viajado encima del sillín por California (San Diego, desierto de Mojave, Death Valley), Nevada (Death Valley, Las Vegas, Lake Mead), Utah (Zion National Park) y Arizona (Gran Cañón)
Bicicletas impacientes
"Después de una escala en Nueva York, volamos hasta San Diego. Allí nos esperaban nuestras bicis impacientes por volver a la aventura. Siempre estaremos muy agradecidos a la familia Jiménez por su ayuda en aquellos especiales momentos", cuentan en su correo electrónico.
Corría el 10 de marzo cuando después de una buena puesta a punto de las bicicletas, empezaron a mover pedales: "La sensación era muy buena, un momento muy esperado". Por delante les esperaba otra etapa, algo muy diferente a la que encontraron en su vasto recorrido por Sudamérica y América Central. Las indicaciones estaban en millas, los plátanos iban a tanto la libra y el café del desayuno era un self service buffet en una máquina. Se sorprendieron ante "las neveras enormes repletas de salsas y grandes botes de crema de cacahuete".
"En las dos primeras semanas -narran- pedaleamos poquito. Necesitábamos ir poco a poco para alcanzar de nuevo el ritmo en los pedales. A día de hoy, las millas ya avanzan más rápido y lo mejor es que gracias a los nuevos sillines Brooks, la confortabilidad del asiento no duele. Este paso resulta muy de agradecer".
"De cero a gran cantidad" son las ocasiones en que se han extraviado durante su nueva ruta. Este contratiempo les ha resultado su primera gran sorpresa. Describen cómo "esto no nos pasó en ninguna ocasión durante los ochos meses pedaleados anteriormente. Aquí, en apenas un mes, son incontables las veces que hemos tenido que volver atrás".
Estas circunstancias dieron pie a una anécdota que nunca se les olvidará y que está relacionada con la policía americana. "Los primeros días transcurrieron por la costa entre San Diego y el Sur de Los Ángeles. Se trataba de la famosa California Beach, aunque fuera de temporada. Debíamos cruzar una zona militar bastante extensa y nos indicaron que siguiéramos una carretera determinada. No debimos entenderlo bien -reconocen- y, sin darnos cuenta, íbamos pedaleando hacia el interior entrando de lleno en la base de helicópteros Camp Pendleton. Al poco rato, un coche de policía nos detuvo. Nos comunicó que aquella ruta estaba cerrada al público y teníamos que volver atrás. Afortunadamente no pagamos ninguna multa; pero contamos con la poca fortuna de tener que pedalear unos 32 kilómetros hacia atrás. Intentamos reconfortarnos efectuando algunas fotografías de los helicópteros. De nuevo cometimos otro error. Al poco rato otra patrulla nos detuvo y nos preguntó si habíamos tomado fotos. Con toda la sinceridad del mundo respondimos que sí y nos exigieron la cámara. Al comprobar que no eran de espionaje, nos dejaron marchar".
Después de Camp Pendleton, Eusebi Colomer y Cati Capellà decidieron no entrar montados en bicicleta en los Angeles. Siguieron los consejos. Lo hicieron en transporte público. Explican que, no obstante, tuvieron que pedalear por los periféricos de esta gran ciudad y esto supuso dos días de complicación entre calles y tráfico. "Si bien está lleno de carril bicis y de zonas específicas para ellas e incluso carreteras con arcén bici, también es cierto que una vez te sales de ellas empieza el laberinto", remarcan los dos jóvenes aventureros.