LOURDES DURÁN. PALMA.
Diecisiete personas buscando su personaje. A tiras, a trozos, de cuerpo entero, en diagonal. No pertenecen al mundo de la tramoya, pero se han querido vestir de actores sin guión. Huyen de aquel clásico de Pirandello. Ellos se alimentarán de la calle. Aleccionados por Jordi Milán, "maestro de maestros", según la actriz Cati Solivellas, crearán su propio personaje en el masterclass que está impartiendo en la escuela que la colaboradora de este diario abrió en Inca el pasado mes de octubre.
"Mis alumnos habituales son otros y además aquí no hay guión previo. Es lógico que personas normales se bloqueen", señala Milán, un veterano en el grupo La Cubana. Insiste, pese a ciertos pucheros que surgen de los labios tímidos de esos pupilos que han llegado desde sa Pobla, Palma, Ariany, Manacor, Maria, Sineu e Inca. "Esto no es un desfile de modelos, da igual que la ropa no sea la de tu talla", le apunta a una joven que no para de agarrarse la falda.
En el otro lado de la sala, Joan Alonso, otro veterano en poner el maquillaje correcto, en la dosis adecuada, para mudar a personas como Mercè Rafecas, "en una pija de los años 50".
"El buen maquillaje potencia", sentencia Alonso, quien comenta que "en La Cubana, ser guapo era un hándicap". Él se fija, no sólo en los rasgos de aquel que después potenciará con sus pinceladas, sino también en el vestuario. "Es un todo", recuerda.
La actriz Pepa Charro también se ha apuntado a estas lecciones magistrales que concluyen este fin de semana. Se la ve desenvuelta. Lógico en quien es de por sí un abanico de personajes como La Terremoto de Alcorcón.
No pierde ni una coma de las palabras de Jordi Milán. Éste vuelve a la carga tras haber escuchado la creación de una señora que se ha convertido en una francesa, profesora de yoga, que se viene a vivir a España, y que cojea entre un acento galo y el italiano.
"Vale, está muy bien tu dicción, pero construir un personaje reclama que su historia sea creíble. Si tú eres francesa, y ya sabemos como son, no dirás jamás que lo de España es igual de bueno que lo francés...". Todos ríen y el ambiente se distiende.
La alevina del grupo, Neus Server, de 16 años, está tranquila. Ya ha solucionado acoplar sus pies pequeños al zapatón de aguja que le ha tocado para convertirse en una señora.
"El teatro adolece de la sobreactuación, mucho más que el cine, por eso creo que es más difícil emocionarse con él que cuando ves una película. En La Cubana los personajes, pese a ser estereotipos, resultaban creíbles", señala Jordi Milán.
Fruto de su dilatada experiencia asegura que "los tímidos tienen mejor almacén para tirar después en el teatro que los extrovertidos".