CARLES MULET. PALMA.
"Ya no estoy tan nerviosa", promete Neus, de 10 años. "Relajada", coincide Nebyat, de 6. "Más flexible", irrumpe Lluís, de 9. Son los provechos adquiridos por algunos de los menudos que cada sábado acuden al Centre de Yoga Jaume III, antiguo Vasudeva. Comenzaron sus clases después de Navidad, tras unas sesiones previas, para probar la validez de la experiencia. Carolina Caballero, su maestra, confirma el éxito: "les gusta venir, tienen muy buena predisposición". Y eso que algunos, confiesan, no sabían a que venían.
Madre en mano, esterilla en ristre, los pequeños van llegando a un centro que se baña en luz por las mañanas, ideal para el Saludo al sol. Se descalzan para caminar sobre calcetines pop, desenrollar sus alfombritas y esperar instrucciones. Las clases, compara Caballero, son "parecidas" a las que toman los adultos. Con matices, pues el "silencio sepulcral" sí admite licencias con los niños. O como el nombre de las posturas, que para ellos son animales y no palabras sánscritas. "No tienen la misma capacidad verbal", explica, mientras Fernanda, Elia, María y Aina se estiran infinito, haciendo ´la Cobra´.
"Hay posturas que hacen los mayores que a ellos les cuesta más", desmitifica la profesora, pues los niños son de goma, hasta cierto punto. Y "viceversa", añade, pues con la edad hay partes que se oxidan. Con todo, "los beneficios son los mismos" para todos, apunta Caballero, aludiendo a la toma de conciencia propia y a la facilidad para concentrarse y prestar atención. También mejora la condición física, recuerda, pues no sólo de respirar vive el yogi.
"El respeto a los otros" es otro aprendizaje cultivado aquí. El grupo ha tomado "confianza", entiende Caballero, que relata como los chavales acostumbran a ayudarse entre sí. El ambiente es muy bueno, se respira. Aunque este sábado no esté la añorada Josita, como todos quieren recordar. O Julia y Javi, los más menudos, de tres años. "La edad ideal para comenzar es cuatro", matiza la profesora. Con menos se hace "difícil seguir la clase", entender lo que uno está haciendo y su por qué. Los que ayer estaban bien lo sabían, deseosos de yoga "aburridos" al final de tanto reportaje.