turismo

Maletas, hotel y familia pueden amargarnos las vacaciones

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Los problemas con el equipaje, el hotel, el avión y la convivencia con la familia pueden amargarnos las vacaciones, un periodo que se afronta lejos del trabajo y la rutina, con la mente puesta en la playa, la montaña, paraísos lejanos, el chiringuito,... pero que puede no resultar perfecto. Mediado el mes de julio, por el que optan aproximadamente un tercio de los españoles, o esperando el masivo agosto, de asueto laboral para más del 50%, el riesgo de estrés o ansiedad viaja con las maletas. En la foto de archivo algunas de las más de 150 personas que esperaban desde hacía casi veinticuatro horas la salida de un vuelo en el aeropuerto de El Prat.
Los problemas con el equipaje, el hotel, el avión y la convivencia con la familia pueden amargarnos las vacaciones, un periodo que se afronta lejos del trabajo y la rutina, con la mente puesta en la playa, la montaña, paraísos lejanos, el chiringuito,... pero que puede no resultar perfecto. Mediado el mes de julio, por el que optan aproximadamente un tercio de los españoles, o esperando el masivo agosto, de asueto laboral para más del 50%, el riesgo de estrés o ansiedad viaja con las maletas. En la foto de archivo algunas de las más de 150 personas que esperaban desde hacía casi veinticuatro horas la salida de un vuelo en el aeropuerto de El Prat. EFE/Toni Garriga

Los problemas con el equipaje, el hotel, el avión y la convivencia con la familia pueden amargarnos las vacaciones, un periodo que se afronta lejos del trabajo y la rutina, con la mente puesta en la playa, la montaña, paraísos lejanos, el chiringuito,... pero que puede no resultar perfecto.

ANA SALAMANCA/EFE Mediado el mes de julio, por el que optan aproximadamente un tercio de los españoles, o esperando el masivo agosto, de asueto laboral para más del 50%, el riesgo de estrés o ansiedad viaja con las maletas.

Sólo un 14% de viajeros españoles afirma que "nada" les afecta en vacaciones, frente a un 86% que encuentra problemas capaces de frustrar el tan ansiado descanso, según una encuesta del portal de viajes Trivago a la que respondieron 2.525 usuarios de siete países en la última semana de junio.

La pérdida o los daños en el equipaje son citados por un 28% de encuestados españoles como primera causa de frustración, según los datos facilitados a EFE, seguido de las contrariedades con el hotel, motivo de disgusto para un 25%, la cancelación o retraso del avión o el tren -para un 14%-, la intensa convivencia con la familia, que resulta estresante para el 12%, y los atascos (7%).

Y esas circunstancias que llegan a desesperar fueron también las que acapararon mayor número de quejas el pasado año. El Consejo de Consumidores y Usuarios (CCU) registró casi 30.000 consultas y reclamaciones sólo en el sector de las agencias de viaje.

Los contratiempos con los bártulos, con las agencias, las demoras aéreas y el overbooking fueron los principales motivos de reclamación de las 9.761 quejas tramitadas por la OCU.

De hecho, en 2007, más de 42 millones de maletas no llegaron con sus propietarios en los aeropuertos de todo el mundo -según el informe anual de SITA, el principal proveedor de servicios de comunicación para el transporte- aunque sólo supone un 2% del total facturado. La causa principal: las escalas.

Las condiciones del hotel elegido ocasionan igualmente "cierta preocupación e incertidumbre" antes de llegar al destino, ya que pueden no cumplirse las expectativas "y arruinar unas vacaciones que se prometían inolvidables", afirma Alberto Calcerrada, portavoz de Trivago-España.

Esta es una de las razones "por las que están cambiando los hábitos de los clientes", añade. Cada vez más utilizan la Red para informarse, ver opiniones y fotografías antes de hacer la reserva.


LA RUTINA

Y estos temores, unido a que la convivencia no siempre deseada con familiares y amigos es más intensa, puede generar en determinadas personas sentimientos de frustración, tristeza y estrés, señalan algunos expertos.

La depresión es, también según los viajeros, el tercer malestar nacional en esta época, después de la diarrea y la insolación, y antes que las resacas etílicas y los dolores de cabeza.

Las vacaciones son año tras año lo más esperado, "pero a veces nos pierden las maletas, llegamos tarde, el hotel no es como queríamos, el tiempo no es bueno, los niños nos molestan, incluso la familia, y todo eso hace que un periodo tan deseado se convierta en conflictivo", explica a EFE Iñaki Eguiluz, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Cruces (Bilbao).

Y es que irse de vacaciones, según este psiquiatra, no es fácil.

Hay que "saber bien dónde, cómo y con quién se va o no se debe ir.

No es lo mismo salir de copas o ir al cine durante el año que compartir unos días en un apartamento". Pasa con amigos y familiares, "pero a veces a estos últimos no podemos evitarlos".

Además, deseamos romper con la rutina, pero la rutina, a lo largo del año, "nos estructura, nos organiza. A veces, al perderla, uno se encuentra desubicado, y el no saber qué hacer o como gestionar el tiempo libre es causa de frustración y angustia, no tanto depresión", afirma Eguiluz.


SIN VACACIONES

Mayor desazón puede provocar pasar las vacaciones en casa, como las vivieron el 54,5% de los españoles, según una encuesta del CIS el pasado verano, fundamentalmente agricultores, jubilados, parados, amas de casa, comerciantes y pequeños empresarios.

Y especialmente desazonante para ocho de cada diez, a los que sí les habría gustado salir fuera.

Casi el 50% no viajó por motivos económicos, un 15% por problemas de salud y un 10% por trabajo. Al 94% de ellos les había ocurrido más años.

Entre los que sí salen en vacaciones, el 51,5% coge todo el mes, el 68,3% las pasa con la familia con la que convive, el 10% con los amigos y el 8,5% con familiares a los que no ve habitualmente. El 3,7% viaja solo.

Un 27% se desplazó a casas de familiares o amigos, opción que, a buen seguro, aumentará este verano.


LA VUELTA

De las vacaciones, "lo que más me estresa es pensar en la fecha de vuelta", ironiza Angel A. Es frecuente, según un estudio de Adecco, que, al regreso, aparezcan síntomas de desequilibrio físico o emocional que, si persisten, pueden llevar al absentismo laboral.

No hay estadísticas, pero la impresión es que tras el verano los empleados faltan más al trabajo, dijo a EFE Nekane Rodríguez, directora territorial de Creade-grupo Adecco. "El absentismo está muy ligado a la motivación y al compromiso y, después de las vacaciones, pueden verse afectados".

En conjunto, agrega, el absentismo es mayor en mujeres, y probablemente el problema se de también en septiembre, quizás por la descoordinación entre vacaciones escolares y laborales.

Tanto en el veraneo como al volver al trabajo es necesaria una adaptación -opina Iñaki Eguiluz- "sobre todo en personas que están enganchadas y tienen la vida demasiado organizada".

Personas que, con la vorágine diaria, mantienen mínimas relaciones con la pareja o los amigos y, cuando rompen con los hábitos, las obligaciones y los horarios, afloran los conflictos.

Esta es, en su opinión, la razón de que haya tantas separaciones a la vuelta del verano. No es que las vacaciones generen divorcios, sino que "si existe un conflicto previo o una relación de pareja que no es buena, las vacaciones casi nunca ayudan a resolverlo".

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