MATEU CUART. PALMA.
Mirar al cielo este verano será algo más inquietante que de costumbre. O debería serlo, sabiendo que buena parte de los fenómenos que ultima la bóveda celeste cuentan con una elevada dosis de indefinición aportada por los más de 500.000 objetos cercanos a la Tierra (NEOs, por sus siglas en inglés) que podrían cruzarse con la órbita del planeta, con nefastas consecuencias para él y sus habitantes. "Son objetos del tamaño de una pista de tenis, que podrían atravesar la atmósfera sin problemas", explica Salvador Sánchez, responsable del Mallorca Planetarium, que dedicará una jornada, la de mañana, a que Jordi Llorca Piqué, del Institut d´Estudis Espacials de Catalunya, de cuenta de una de esas ocasiones en los que la posibilidad perdió el condicional.
"Hace cien años, un pequeño núcleo de asteroide o cometa del tamaño de una pista de tenis explotó a entre tres y cinco kilómetros de altura sobre la región de Tunguska, en Siberia, y aplastó un área de 2.000 metros cuadrados, casi el tamaño de la isla de Mallorca", detalla Sánchez sobre una actividad a la que concede especial importancia. "El Observatori Astronòmic de Mallorca es líder en Europa en el seguimiento de estos objetos, que se tienen que vigilar continuamente" y que amenazan la continuidad de un planeta suertudo hasta el momento.
Se continuará así un programa para el estío al que los astrónomos dieron la bienvenida el viernes 20, en un acto a cargo del profesor Lluc Mas en el que celebraron, con una pamboliada con la que solventar las necesidades mundanas, un solsticio "que marca el día más largo del año y el inicio del verano astronómico", aprovechando además para recordar la influencia de astros y planetas en la configuración de los calendarios, el reparto de estaciones y, sin caer en el misticismo astrológico, también la vida sobre la faz del planeta.
Entre el escaso repertorio de actividades a las que el cielo ha confirmado asistencia se encuentran las consabidas lágrimas de Sant Llorenç, que congregan cada año a decenas de aficionados que pasan una noche al raso en Costitx, dejándose embrujar por las piruetas de una comúnmente llamada lluvia de estrellas causada en realidad por los fragmentos de un cometa, el Shift-Tuttle, que hace años trascendió el terreno de la amenaza para convertirse en un mero divertimento. En proyección para toda la isla, las lágrimas se podrán vislumbrar desde cualquier rincón suficientemente oscuro y alejado de la urbe.
El 16 de agosto, un eclipse parcial de luna cerrará un verano celeste al que se aneja, el 18 de julio, un taller de introducción a la astronáutica, sobre cohetes de agua, avistamientos de satélites y deshechos espaciales, y un curso de iniciación a la astronomía, entre el 28 de julio y el 16 de agosto. Todo ello a cargo de Mallorca Planetarium, que ya trabaja en las actividades del 2009, cuando el Año Internacional de la Astronomía cederá todo el protagonismo a la bóveda celeste.